Isbelia Mirabal, una señora de sesenta y seis años, sufre de hipertensión y por ende debe tomarse las pastillas. Sin embargo, la situación del sector farmacéutico ha sido un obstáculo en el tratamiento de esta señora y del resto del país

Yo soy una persona hipertensa y tomo medicamentos dos veces al día. Hace cuatro meses se me complicó conseguir una de las pastillas. Estuve dos días sin tomarla y me sentí con malestares: presión, taquicardia, dolor de cabeza y nauseas. Tuve que ir al hospital en observación y me tuvieron hasta las cuatro de la mañana. No encontraban un medicamento que me hiciera bajar la tensión. Me colocaron pastillas debajo de la lengua pero no hizo efecto. Una de las consecuencias más grandes es que uno se pone sumamente nervioso y ese estado de emoción le produce a uno más alta tensión. Yo estaba en un estado de mucha ansiedad y me dijeron que fuera a mi casa y que me hiciera un té.“Póngase a leer y a ver una película bonita y va a ver que le baja la tensión”, me dijeron los médicos.

Llamé a mi cardiólogo y me dio tres o cuatro alternativas. Si no conseguía una, conseguía la otra o la otra. Fui y compré uno de los tres medicamentos: tres cajas de Cardiopril de 10 mg. Desde entonces, seguí estando con malestares como por ocho días desde que empecé a normalizarme con las pastillas. Cuando me quedaba una, oí en la televisión que había un número al que uno podía llamar para conseguir los fármacos. Llamé al 0800 – Salud, me atendieron y me indicaron los sitios de Caracas en los que yo podía conseguir esa medicina. Fui a uno de ellos y la compré.

Actualmente tengo dos cajas y media de ese medicamento, lo que equivale a cuarenta días. También tengo que tomar otras dos pastillas, una en la mañana y otra en la noche, porque hace tres años me dio un ACV. La de la noche me ha costado mucho conseguirla. Por consiguiente, he tenido que recurrir a otra. Llamé a un amigo que estaba de viaje en Mérida, me consiguió la de la mañana y me trajo seis cajas que todavía las tengo.

Mi hijo también es hipertenso y se le ha complicado conseguir el medicamento. Sin embargo, después de buscar como en seis o siete farmacias, la conseguimos. Yo sigo buscando la mía para tener cuando se me acaben las dos y media. Sigo sin encontrarla. Fui a cuatro farmacias y en ninguna de ellas había. Me dijeron: “No hay nada para la tensión, señora”: Estoy empezando a preocuparme porque no puedo dejar de tomar esa pastilla. Pretendo llamar nuevamente a 0800 – Salud.

Ayer me encontré con una persona y me dijo que tenía cinco días sin tomar la pastilla y dolor de cabeza. Iba a ir ese día a su cardiólogo que tenía cita para ver si le cambiaba la medicina. Yo le sugerí que de verdad visitara otro cardiólogo como me pasó a mí para que le dé otras alternativas.

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